Y mientras los títulos comienzan a rodar, la voz en castellano del narrador susurra:
Jack, viendo que todos huían en los botes, dio un paso al frente. Con la botella de ron en una mano y su brújula mágica en la otra, miró a la bestia y dijo:
Finalmente, en una caverna llena de arena movediza, Will y Jack forcejearon por el cofre. Jack lo abrió. Dentro no solo latía el corazón de Jones, sino también la llave de su propio pasado. Pero Elizabeth, astuta como siempre, clavó la espada de Will en la mano de Jack para robar el corazón. piratas del caribe 2 castellano
Sacó la bolsa de pólvora, la encendió y, mientras el Kraken se tragaba el barco entero, Jack Sparrow se despidió con una sonrisa torcida. El Perla Negra y su capitán desaparecieron en las fauces del abismo. En la última escena, la cámara muestra a Elizabeth, Will y la tripulación sobreviviente en una playa. El cielo se vuelve negro. De entre la selva emerge el temido Barbossa —que todos creían muerto—, ahora con una pata de palo hecha de una tibia y un mono que escupe nueces moscadas.
—¿Dónde está Sparrow? —pregunta Barbossa, limpiando su manzana verde en la chaqueta—. Porque yo sé dónde está la llave para liberarlo del baúl de Davy Jones. Pero todo tiene su precio, corazones. Y mientras los títulos comienzan a rodar, la
—Lo siento, Jack —dijo ella, con ese tono de nobleza que oculta puñaladas—. Pero el código es más lo que guía. De vuelta en el Perla Negra , Davy Jones lanzó su peor carta: el Kraken. La bestia emergió del agua como una montaña de músculo y tinta. Engulló a varios piratas, destrozó el mástil y mordió el casco como si fuera una galleta.
Jack, intentando negociar, ofreció un loro de tres patas y un cofre lleno de calcetines huérfanos. Jones no aceptó. En su lugar, invocó al Kraken, un calamar gigante con mala leche y peor aliento. La tripulación llegó a la Isla Cruces, un peñasco donde, según la leyenda, el corazón de Davy Jones reposaba dentro de un cofre de madera de muérdago. Pero no iban solos. Norrington, ahora borracho y sin rango, les pisaba los talones. Y como no, los piratas caníbales de Pelegosto, que confundieron a Jack con un dios disfrazado de fruta. Dentro no solo latía el corazón de Jones,
El sol caribeño abrasaba la piel del Capitán Jack Sparrow, aunque su aliento apestaba a ron. No era un día cualquiera en el mar. Un cuervo negro, con un parche en un ojo, dejó caer una carta chamuscada sobre la cubierta del Perla Negra .
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